(por Claudio Blanco) El miércoles 12 de junio dejó el fin del apasionante juego de ajedrez de las alianzas políticas de cara a las PASO de agosto. A nivel nacional, el juego lo abrió Cristina Fernández de Kirchner, moviendo el alfil Alberto Fernández como cabeza de una fórmula en la que ella anunció que se corría a un costado. Así las cosas, el resto del arco político se vio obligado a imaginar movimientos precisos en pos de evitar la fuga de votantes tras ese movimiento adelantado y preciso de la ex presidenta. Y fue tal la jugada de la ex mandataria que recién en las últimas 48 horas el resto de los equipos movió sus peones: el oficialismo se vio obligado a sumar al jefe del bloque de senadores kirchnerista, Miguel Angel Picchetto, dejando en off side incluso a los militantes PRO más radicalizados, esos que borraron de su abecedario la letra K. Y cual viejo GPS, los dejó recalculando.

A la dupla oficialista Mauricio Macri – Miguel Angel Picchetto (el senador es más de derecha que el propio Mauricio y responde a quien tiene el poder, pero siempre fue fiel de los diferentes gobiernos peronistas de Menem en adelante), se sumó en la tarde de hoy la pareja (por decantación, ya que estaban quedando solos cada uno en la suya) Roberto Lavagna – Juan Manuel Urtubey, que se abrazaron a la bandera del “valor de la palabra y las convicciones” de quedarse como opción al (neo) kirchnerismo y el (neoperonizado) macrismo ¿Y la Izquierda, siempre fragmentada pero estoica en cada elección que jamás ganaron? ¡Va unida! Sí, por primera vez en la historia democrática moderna de nuestro país, los partidos y sus protagonistas decidieron aunarse en una lista y combatir al resto de las opciones conformadas a presión, tras la mencionada milimétrica movida de CFK.

Pero, me está faltando uno en la cuenta… ¿Y el tigrense Sergio Massa? Lo vi festejando en el vestuario del estadio Kempes una victoria ante Boca, y luego se sumergió en un laberinto de espejos, dilapidando capital político y mermando sus chances para negociar. Subió al pedestal desde su distrito en el norte del GBA como funcionario de peso de Cristina; luego pásó a ser crítico de esa gestión; más tarde armó su propio espacio denominado Frente Renovador; luego mimó un poco el cambio y acompañó en alguna gira al Macri presidente, pero luego se alejó y construyó Alternativa Federal con Lavagna, Pichetto y Urtubey pero, con el alejamiento del viejo economista primero y del senador después, abandonó el espacio cual grupo de whatsapp. Entonces, conocido el binomio Lavagna – Urtubey, no le quedó otra que aceptar el café propuesto unos días antes por Alberto Fernández en un canal de televisión y en las últimas horas del día de éste miércoles se concretó la fusión y el regreso de Sergio Massa a compartir un espacio con Cristina, su otrora jefa política. Encabezaría la lista de diputados nacionales en la provincia de Buenos Aires para luego presidir la Cámara de Diputados.

¡Uff! Todo esto pasó desde aquél anuncio de voz pausada de Cristina Kirchner en la apasible mañana del 18 de mayo. Ese tono casi monocorde y marital fue precedido por el boom de ventas de su libro “Sinceramente”, para volver a lo Cristina al escenario (o cuadrilátero) político mayor. De ahí en más nada fue igual. Ahora, con las cartas a la vista, se espera una campaña arrolladora con el consecuente descoloque del votante medio, ese que no se inmiscuye en lecturas políticas diarias y al cual le cambiaron todas las figuritas: quien criticaba a Cristina, ahora comparte la fórmula; quien no quería ni cerca a un ex peronista kirchnerista, ahora lo tiene al lado mimándolo; el que quería sí o sí ser candidato a presidente con el poncho de Güemes al hombro aparece de un momento a otro bajándose a vice de otro que posó en calcetines y chancletas y que parece estar más de vuelta de su carrera política que en su apogeo, y a un Massa que de ser la “tercera gran opción” terminó siendo una de las opciones, y de la que justamente lo vio nacer políticamente. Y, además, la Izquierda se muestra unida y no desperdigada como hasta hace poco y nada.

Ahora deben acomodar las piezas los gobernadores y, más abajo, los intendentes y candidatos a ser jefes comunales. De movida, unos y otros deberán cambiar marquesinas y flyers: “Cambiemos” es ahora “Juntos por el Cambio”; “Unidad Ciudadana” (ex Frente para la Victoria) y el “Frente Renovador” pasaron a ser “Todos” (o Todes o Todxs…); “Consenso 19” y lo que quedó de “Alternativa Federal” mutó al ambicioso nombre de  “Cosenso Federal 2030” y el FIT, el Partido Obrero, el PTS y la Izquierda Socialista se amontonan en el frente “Unida”, con Nicolás del Caño y Romina Del Plá en la fórmula a candidatos a presidente y vice. Trabajo para diseñadores, imprentas y community managers.

Se vienen elecciones nuevamente en nuestro país. El gobierno que inicie su gestión el 10 de diciembre deberá, nada más ni nada menos, que negociar una deuda externa enorme producto de los últimos desembolsos del FMI y reconstruir la paralizada industria nacional. Tamaño trabajo que hasta parece poco al lado de la misión principal: la eterna pelea de terminar con las desigualdades y el hambre en las capas más humildes. Esperemos que, más allá de todo slogan de campaña, en éste juego de ajedrez haya un Jaque Mate a favor de todos los que habitamos el suelo celeste y blanco. Sería justo. Que sea con suerte.

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