(Radio GBA / MDV) El viernes cerró sus puertas la fábrica ubicada en la localidad rosarina de Pérez, perdiéndose de este modo el 50% de la capacidad para reparar locomotoras y vagones existente en el país. Ante el cierre de ramales en la provincia de Buenos Aires (reabren a cuentagotas un servicio a Mar del Plata y algún otro a Junín y Bahía) y el resto del país, el gobierno de Mauricio Macri encarna lo que es su convicción: cero inversión a los servicios ferroviarios de nuestro país por no creerlo necesaria la inversión pública allí. Además, desde el gobierno de Cristina Kirchner se inició el proceso de electrificación del Roca, lo que recén se está terminando, y eso abre un parque tractivo de locomotoras diesel y vagones que bien podrían repararse y usarse en líneas al y en el interior del país, pero nada de eso parece importarle al Ejecutivo nacional, y mucho menos la mano de obra calificada que queda en la calle. La intención del macrismo es concretar negocios inmobiliarios millonarios en terrenos ferroviarios, quitando patrimonio al Estado.

Los 71 trabajadores que resistían el cierre de la planta, vieron cómo las promesas oficiales de reactivar los talleres quedaron en el aire, sobre todo luego de la decisión del ministro de Transporte Guillermo Dietrich dejara sin efecto el plan que se había diseñado para fabricar 1.050 vagones de carga en el país, ya que una buena parte de ellos iban a ser construidos en Pérez, lugar especializado en maquinaria pesada.

La fábrica, que en sus momentos de plenitud supo ocupar a más de 5.000 trabajadores y también poseer el 50% de la capacidad instalada para reparar locomotoras en el país, vivió ayer momentos de profunda tristeza, luego de que los 71 empleados que resistían el cierre del lugar firmaran los acuerdos indemnizatorios propuestos por la empresa Emepa, perteneciente al Grupo Romero y que posee también el Belgrano Norte y el taller de Laguna Paiva en la ciudad de Santa Fe.

“Efecto amarillo” se suele denominar en el ámbito económico a los problemas que acarrea para la industria nacional la política de compra de productos en forma indiscriminada a China orquestada desde lo más alto del poder. Ayer se pudo ver cómo esto llevó a que uno de los pocos talleres ferroviarios que quedan en pie en el país, como el de Rioro, ubicado en la localidad rosarina de Pérez, tenga que cerrar sus puertas por la imposibilidad de competir con el gigante asiático.

Frente a la apertura masiva de importaciones desde China por parte del Gobierno nacional, que abarcó la adquisición de material rodante con servicio de mantenimiento in­cluido y la compra obligatoria de los repuestos al país asiático, en Pérez subsistieron un tiempo haciendo pequeños arreglos para los subtes de la ciudad de Buenos Aires, o fabricando boyas para señalizar la hidrovía del río Paraná. Sin embargo, esto no dejaba ganancias, por lo que no pudo evitar su cierre definitivo.

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