(Radio GBA) El primer debate presidencial concretado ayer en Santa Fe dejó, por su formato encorsetado, poco tiempo para propuestas y también poco lugar para un verdadero “debate”. En el medio de esa suerte de exposición de cada uno de los 6 candidatos, Alberto Fernández (Frente de Todos) fue el más resuelto -resaltando las miserias del gobierno macrista desde el inicio- y José Luis Espert (Unir) el que más expuso sus ideas, de corte bien liberal. Por su parte, el presidente Mauricio Macri es el que más incómodo se vio, contracturado y casi sin salirse de sus oraciones de campaña. El otro que navegó muy bien sus 13 minutos totales fue Nicolás Del Caño (Frente de Izquierda). Así y todo, no pareciera que éstos debates cambien en algo el rumbo de las elecciones del 27, dónde Alberto Fernández es el gran favorito a quedarse con el sillón de Rivadavia. En otra sintonía parecieron estar Roberto Lavagna (Consenso Federal) y el ultraderechista y fuera de tiempo Gómez Centurión (Frente NOS)

Macri incómodo; Fernández sonriente. Postales del primer debate

Alberto Fernández comenzó su exposición recordando que Mauricio Macri “mintió mucho” en el debate con Daniel Scioli de 2015: “El que mintió ese día fue presidente; el que dijo la verdad está en la primera fila presenciando éste debate” dijo y  recalentó el debate que, por su formato, tiende a ser monótono y carente de cruces. Por su parte Mauricio Macri, con un rictus ultra serio, le tiró a su contrincante con Venezuela y la corrupción, y fue risueño el tema del “dedito de los kirchneristas” en alusión al gesto reiterado de Fernández y para traer desesperadamente a la ex presidenta a las oratorias. Nicolás del Caño alternó entre atacar a Macri y a Fernández. Roberto Lavagna se mantuvo en su perfil de economista, pero a ritmo lento y desajustado. Gómez Centurión pareció estar de más, en un juego que jamás entendió.

SIN TIEMPO PARA PROPUESTAS

Las propuestas de cada candidato, al menos el que las tenga, deben quedar para entrevistas mano a mano (Macri no las da, Fernández y el resto sí). El que esperó que en el debate haya propuestas, se equivoca: los pocos segundos de exposición (120) y apenas 30 para un contrapunto no deja margen para nada. O se cruza a un contrincante o se expone una idea. Nada más. Por eso, lejos de los guarismos de Fernández y Macri, Espert pudo dar algunas definiciones más, pero nada más.

Macri se esforzó en recordar el guión para demostrar “lo bueno” de su gestión (¡vaya esfuerzo!) y apeló a una indefinida y equivocada “defensa de la libertad”, -como si su derrota electoral nos encerrara a todos en una extraña dictadura o monarquía- y Alberto Fernández a tirar por la borda ese esfuerzo del presidente con números contundentes e irrefutables sobre una economía que hace agua por todos lados y un desfinanciamiento de la educación y la ciencia como nunca  antes hubo. Del Caño apuntó más a Macri que a Fernández; Lavagna regalaba segundos y Centurión nunca terminaba a tiempo sus conceptos, que eran solo en defensa de una teoría militar de los años ’70.

El ser profesor universitario (pelearse en asambleas y demás) y tener ritmo de confrontación política le permitió a Fernández moverse más suelto en éste tipo de debates. Y Espert aprovechó su alta exposición como economista en los medios de comunicación. Y fueron ellos los más cómodos. Macri despertó hacia el final, pero no es un lugar cómodo el que le tocó, dónde ningúna pregunta amiga de algún medio de comunicación afín. No mucho más. Bienvenido el debate, pero sin dejar de verlo como lo que es. Allí no habrá lugar a grandes propuestas, es casi imposible. Como imposible pareciera ser que Mauricio Macri logre recortar la distancia sideral que Alberto Fernández le sacó en las PASO de agosto.

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