(Claudio Blanco)  “Me seducen las ansias de seguir creciendo. Talleres es un paso gigante hacia adelante para mí. Es un momento óptimo de mi carrera. Somos un cuerpo técnico joven que quiere crecer” le declaraba Juan Pablo Vojvoda a la prensa cordobesa, a los entusiastas hinchas de Talleres y a la poderosa billetera del presidente Andrés Fassi. Era el mes de mayo el que languidecía y el campeonato 2017/2018 de la Primera División llegaba a su fin. Mientras los ojos del fútbol mundial solo veían a Rusia como objetivo, la dirigencia de Defensa y Justicia planeaba -previo a los avatares económicos de nuestro país y a el cálculo de que no se llegaban con los tiempos para viajar con un plantel medianamente armado- una pretemporada en México y hasta el proyecto de llevar al Halcón a jugar a Los Ángeles, en los Estados Unidos. Claro, con Vojvoda como DT.

Pero Juan Pablo, el muchacho al cual Defensa lo rescató de la Reserva de Newell’s con apenas un puñado de experiencia en Primera, armó sus valijas entre gallos y medianoches y dejó su cuarto vacío en el Predio de Bosques. Tras 2 horitas de vuelo, ya estaba felíz en el bunker de Barrio Jardín. Defensa quedaba acéfalo de conducción técnica, mientras la dirigencia armaba el nuevo plantel, haciendo un gran esfuerzo para retener la base.

Los rumores desde el predio de AFA en Ezeiza traían informaciones que daban cuenta de que Sebastián Beccacece, ayudante de Sampaoli, no estaría del todo cómodo y que apenas la Selección acabara su participación en el Mundial, firmaría su renuncia al cuerpo técnico. Entre llamados, Whatsapps y encuentros personales, los dirigentes de más peso en materia futbolística acordaron que el blondo director técnico se reincoporaría apenas llegase desde tierras de la ex URSS. Y así fue: Beccacece retomó el rol que había interrumpido por el ofrecimiento -muy seductor- de ser parte de la Selección. Pero ante el malogrado objetivo en Rusia, cumplió su palabra y se volvió a calzar el buzo verde y amarillo en la tranquilidad de Bosques y en el profesionalismo que existe en ese reducto varelense.

“El objetivo para la próxima temporada es volver a estar entre los 10 primeros” fue el grandilocuente tuit que el presidente de Talleres, Andrés Fassi, publicó apenas selló el acuerdo con Vojvoda; hoy ocupa el lugar 16. Es el mismo Vojvoda que dejó trunco el proyecto de Defensa importándole tres velines el qué dirán. Y allá él, quizás tenga sus razones profesionales, aunque cueste entender su ética, esa misma que, justamente, tiene un límite difuso en el hiperprofesional fútbol argento.

Una tardecita del viernes, Vojvoda volvió a Varela. Fue el 19 de Octubre. Saludó, se abrazó, agradeció, se excusó. Pero internamente quedó una herida sin cerrar del lado de los de acá. Y él lo sabe, pero venía con el pecho inflado de ganarle a Belgrano en el “Kempes” y quería repetir ante su ex club ¡Obviamente!

En la cancha, su Talleres quedó chiquitito. “¡Qué de la mano de Beccacece, todos la vuelta vamos a dar…!” coreaba el Tomaghello. Juan Pablo, con brazos en jarra, sabía que el destinatario de ese cantito (que no se coreaba desde 2014 con el nombre de Diego Cocca como protagonista) era él.  Defensa y Justicia ganó 2 a 0 con una superioridad tremenda, atacando y presionando en el primer tiempo y regulando en el segundo. Sin discusión.

Y no hay mal que por bien no venga. Este presente de Defensa se lo debemos a Vojvoda. Sí, pero no (solo) a su trabajo, sino a su frágil palabra para mantener un proyecto y a su desbordada ambición.

Tras perder con el equipo que desechó, Vojvoda quedó pendiendo de un hilo como técnico de Talleres de Córdoba, el equipo que eligió. Son esas justicias cíclicas no taxativas, pero reales y casi benditas, que colman de orgullo al alma de cada hincha ¡Salud!

(Fotos: Diario La Voz)

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