(Claudio Blanco) El viejo ramal dejó de funcionar en julio de 1977 para pasajeros. Unía la estación Avellaneda, a metros de la actual Universidad de Avellaneda (que utiliza el predio que otrora era la estación de cargas homónima) con La Plata por trocha angosta. En su andar, pausado pero firme, chillón, humeante y trémulo, desandaba kilómetros por Monte Chingolo, San Francisco Solano, Florencio Varela, El Pato, Arturo Seguí, Gorina, Gambier y parte de la circunvalación a la ciudad de las diagonales, hasta la estación terminal de La Plata en el barrio “Meridiano V”. Tuvo una gran contra desde su construcción: ¡Jamás pudo llegar a la ciudad de Buenos Aires! Entonces, los pasajeros no quedaban en Pampa y la vía, pero más o menos: quedaban en Güemes, Pitágoras y las vías. Es decir, se encontraban debajo del puente del Ferrocarril Roca. Y allí no había nada: a pata o a treparse a alguno de los pocos colectivos que circulaban (¡ojo! dónde hoy está el shopping eran kilómetros y kilómetros de vías y vagones de carga que empalmaban con Gerli y sus brazos al puerto y Dock Sud). Incluso, los pasajeros quedaban a medio camino de las estaciones de la vieja Barracas al Sud y la de Sarandí. Todas contras.

Pero el Ferrocarril Provincial de Buenos Aires, o simplemente “El Provincial” no claudicó. Fue, como todos los ramales que surcaron el suelo argentino, de enorme factor social. Era económico para quienes trabajaban o estudiaban y vivían en un conurbano que, primero eran las afueras de la gran ciudad, pero que desde 1960 en adelante empezaba a ser el conglomerado que conocemos. Algo jugó más en contra que el no llegar a la Capital: la desidia de los políticos de turno que siempre estuvo por encima de la sensibilidad y la empatía con los ciudadanos, especialmente los más humildes, esos que usaban éste tren. Y un día de 1977 la última formación partió de Avellaneda para nunca más volver. La línea siguió operativa hasta 1991 para cargas, al menos hasta Gobernador Monteverde porque un camión se llevó puesto el puente de la Av. Presidente Perón (en Zeballos) y nunca fue reemplazado. Es más, aún permanece tirado parte de la nueva estructura de hierro jamás montada. Y en 1992 un pequeño tren de psajeros trajo unos metros al entonces gobernador Eduardo Duhalde con una de las enésimas promesas de reactivación jamás cumplidas. hoy es imposible: casi no quedan vías ni infraestructura, los barrios intrusaron la traza y la actual gestión bonaerense terminó de cerrar los pocos ramales al interior de la ex Ferrobaires, con el cuento de que “volverán cuando sean seguros” y no se invirtió un peso en ese sentido y se despidió al personal. Rara manera de “avanzar” hacia la reactivación ferroviaria…

Y el partido de Varela contaba con varias estaciones del Provincial: la mencionada Gobernador Monteverde e Ingeniero Allan (las más importantes) y en el medio un apeadero a la altura de Villa del Plata. El eje del centro de la ciudad discurría por la calle Monteagudo, la más ferrocarrilera: nace en la estación Monteverde y muere en la estación Varela del Roca.

Y mietras la estación de trocha ancha hoy ve pasar a diario -afortunadamente- los coches eléctricos que alguna vez proyectó el gobierno de Raúl Alfonsín cuando aún con los Ferrocarriles Argentinos se podía viajar a todo el interior, la estación Monteverde ve pasar el tiempo muerto de sus vías y andenes. Parte de su estructura la ocupa hoy la policía montada, y la mayoría del cuadro de la estación hacia la Av. San Martín es del Fortín la Tropilla. Todo pertenece a la provincia de Buenos Aires. Paralela a la diagonal Granaderos, hacia el otro lado aún hay pasto y zanjones. El alero del andén isla ya es un recuerdo. Se fue muriendo sin que nadie se percate. Todo es de un valor incalculable. Es historia pura, y quienes transitan a diario no reparan en ello. Además, el centro de la ciudad discurrió, obviamente, hacia el ferrocarril activo: el Roca.

Miles de anuncios de reactivación en vano. Algún proyecto de convertir la traza en una autopista, también de ser una vía exclusiva de colectivos y ómnibus (una especie adelantada a su época al “Metrobús”). Pero nada. Nada de nada. Y cada año menos vías visibles y más terrenos ocupados. Las huellas del pobre Provincial resisten en algunas estaciones como la de Gobernador Monteverde, Ingeniero Allan (bastante venida a menos, con una comisaría funcionando), la hermosa Arturo Seguí y la terminal de La Plata. También el edificio central de la estación Avellaneda, donde se preservan valiosas piezas del pasado de éste ferrocarril.

Y la estación Monteverde, desde hace un tiempo, volvió a recibir gente trabajando por el ferrocarril ¡Sí! Una humanitaria cuadrilla de voluntarios amantes de éste trencito que decidieron preservar y poner en valor, con lo poco que tienen, la estación de Monteagudo y Granaderos. Cortaron yuyos y hicieron visibles las vías para que los más jóvenes supieran que allí hubo vida. Arreglaron cambios, pintaron y taparon goteras en la vieja sala de encomiendas. Cuentan con el facilitamiento de la entrada de la Policía Montada que allí trabaja. Y ellos cada sábado se juntan, mate de por medio, a poner semana a semana un poco de amor y cultura ferroviaria para que la vieja estación no caiga en el olvido. Son de la Asociación Ferrocarril Provincial, y lo hacen solo por amor al Provincial. Ni más, ni menos.

Su presidente, Daniel Alvarado, nos contó que ……………………………. Y desde que charlamos con él, muchos varelenses empezaron a husmear, aún con timidez, el trabajo silencioso de éstos locos lindos. Eso ya es mucho. Quizás un próximo paso sea, sin ánimo de politizar la cosa, que el Concejo Deliberante local tome nota y pueda, con esa ayuda legislativa, elevar algún pedido al gobierno provincial para que habilite recursos que permitan allí reconstruir la estación en su totalidad y reservar una parte para un museo ferroviario local -la Secretaría de Cultura de Varela labura muy bien, basta ver el museo de la vieja municipalidad- y que la Asociación Ferrocarril Provincial pueda concretar su “Ecoparque ferroviario” en el sector que aún está virgen de construcciones ni está intrusada, y allí poder montar también su base de operaciones de preservación y trabajo ¡y hasta esa sede debería estar dentro de algún viejo vagón del Provincial! Pero son solo pensamientos míos, por ahora, nada más.

Por ahora vale y mucho el trabajo de esos voluntarios para no dejar morir un patrimonio histórico de Varela y de la Provincia: la querida estación Gobernador Monteverde.

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