10277763_1486992171530153_7414395384669846285_n(por Claudio Blanco | Foto: Prensa C.S. y D. Defensa y Justicia) Van 25 minutos y 20 segundos del segundo tiempo. Defensa gana 2 a 1. Brian Fernández, puro semillero verdeamarillo, toma la pelota y en un fugaz arranque inicia una carrera a toda velocidad desde el medio campo. La pintura de la tarde debe arrancar en la caravana interminable que acompañó el micro del plantel desde el predio de Bosques al estadio. Un prólogo del paseo de los campeones. El mejor inicio de una jornada de sol para enfrentar a Crucero del Norte, que venía de ganarle al Rojo de Avellaneda. Era el segundo contra el tercero de la tabla. Confieso que la ansiedad por éste partido, y supongo que por el siguiente y el que vendrá también, era tan grande que la semana me pareció de 15 días. La ciudad se vio invadida desde la Ruta 36 y la entrada del Ombú, vía Zeballos, por bocinazos de autos, motos y colectivos detrás de la estela dejada por el interno 4027 del coche cama doble piso de Rápido Tata. ¡Tamaño prolegómeno no merecía tener otro final que el triunfo!

 

Brian sube la velocidad y ya está en tres cuartos de cancha, solo, con la pelota a sus pies. Alguien me dice: “che, Claudio ¿quién iba a imaginar estar jugando el ascenso a Primera con Crucero del Norte?” Tiene su sinrazón, porque Defe se afilió a Asociación del Fútbol Argentino en 1978 y Crucero arrancó su participación indirecta subido al departamento Federal de la AFA en 2004, previo paso por la Liga Posadeña. Nombres inimaginados por la élite del fútbol unos años atrás. Brian sigue, ahora gira un cachito hacia la izquierda. Ruben Arias, el único periodista que cubrió todas las campañas del Halcón desde el primer partido ante Cañuelas en la D, observa a través del vidrio de la cabina 1 del Tomaghello con una mirada sin destino. No ve el partido en ésos instantes, solo observa rostros añejos, algunos olvidados. Recuerda viejos encuentros con ignotos equipos -acaso lo sea Crucero en el futuro- como Estación Quequén, con 100 personas máximo en el estadio del barrio Libertad. Mirá vos ¿qué será de ese equipo y tantos otros que transitaron la vieja B Nacional? ¡Mamita! Miremos puertas adentro y pensemos por un instante que bien podríamos haber caído en ese olvido, en el ostracismo de la “C” o la “D” o en la mitad de tabla de una B Metro interminable, pero no ¡Estamos ahí nomás de la Primera “A”! (ahora es cool nombrar Primera División a secas, obviando la “A”). Pasaron 5 segundos desde que el pibe Fernández tomó la pelota. Ahora levanta la vista y cede la número 5 a otro joven formado en “La Capilla”: Nelson Acevedo.

 

Me cuentan de aquél orgullo de ver a Defensa en canchas-potreros de la vieja “D” de finales de los ’70 y principios de los ’80. Recuerdo los viejos 1114 de la línea 148 inundados de hinchas, mientras era apenas un ciclista de velocidad de categorías menores y juveniles vistiendo los mismos colores y el mismo sponsor: la Mutual El Halcón. Supe de la fiesta de un Florencio Varela que migraba desmesuradamente de pueblo a gran ciudad en los ascensos de 1982 y 1985. Fue noticia por primera vez en grandes diarios cuando se crea el Nacional B y el Defe es uno de los ganadores de la liguilla para ser protagonista del torneo federal de ascenso, mientras se abolía el viejo Nacional de la A. El “Chaco” se abre en diagonal hacia afuera y pisa el área con pelota al pie.

 

Se de lo difícil de aquellos nacionales de fines de los ’80 y principios de los ’90, con el estadio tan vacío que podía oír el solitario murmullo de los que masticaban maní mientras hacía malabares para tener retorno y poder hacer vestuarios con un handy de antena gigante para la ZR1, la radio por cable que era el único medio para escuchar los partidos del Defe (de la cual me ocuparé en otra oportunidad) y el frescor del descampado que, eucaliptus de por medio, daba detrás de las mínimas plateas de madera y las casillas que oficiaban de cabinas de prensa. Esos terrenos, hoy atestados de casas, eran lugar de pastoreo de las vacas de las Hermanas Azules. ¡Ojo, Acevedo engancha en el área!Luego el irremediable único descenso y el armado para el regreso que demoró 3 temporadas. ¡Pegále Chaco!” gritan desde la platea. 25 minutos y 31 segundos. Acevedo la para de zurda y se acomoda de derecha. Imposible borrar de mi mente el zurdazo de Jorge Galleguillo desde el sector derecho al arco de Otamendi en la tarde del 28 de junio de 1997. Y la vuelta olímpica, la última hasta hoy, ni más ni menos que en el entonces flamante estadio de Quilmes. Esa alegría fue la última en términos de ganar, hasta hoy. ¡El Chaco le pegó! Luego grandes partidos ante el archirrival vecino, alguna buena campaña con Villa y Rezza, y salvadas milagrosas. Punto. Esperen: el remate de Nelson le quedó a Lucero -otro pibe de la cantera-, que ya metió dos en ésta tarde ante Crucero. La para con el botín derecho y se presta a girar en su propio eje ¡Si lo consigue, le quedará para la zurda y lo va a fusilar al arquero! Continúo.

 

Jamás imaginé, supongo que muy pocos de ustedes también, poder llegar a una instancia como la actual, donde Defensa y Justicia, sí, el Defe, el nuestro, llegue con tamaña diferencia de puntos a 7 fechas del final, donde lo que nos queda es simplemente contar los días, las semanas y no se que otra cosa más para poder conocer lo que sabemos vamos a conocer: la hora del ascenso a la Primera División. No hay otro destino posible en lo inmediato. Y no es ningún milagro como aquél gol de Miralles de 2006, no. Lejos de eso. Es la consecuencia merecida de una campaña tremenda producto de la mixtura entre cuerpo técnico y jugadores, en primer lugar, y los directivos. Todo con elacompañamiento incondicional de la gente, esos de siempre, los que habitan las tribunas desde la época de los clásicos ante San Martín de Burzaco o Cláypole, los que nos fumábamos un 0 a 0 con Deportivo Maipú, Cipoletti o Central Córdoba de Santiago del Estero en 1990, los que despidieron con aplausos el descenso del ’93, los que soñaban con el equipo de Burruchaga, los que -ilusos- abrazaron la ilusión en la semifinal con Chacarita en el ’98, sin saber que estaba todo comprado por Barrionuevo acá y en Salta (la final se la “ganaron” a Juventud Antoniana), los que sufrieron en la Promo ante Morón y hasta los que apenas conocieron el estadio hace pocas semanas movidos por éste equipo cautivante. Todos, absolutamente todos ¡Giró, el Gato Lucero giró y le quedó para la zurda! Minuto 25 con 32 segundos.

 

Intento ponerme en la piel de cada rostro que veo pasar por la platea, por las populares y de cuanta gente cruzo en la calle a diario ¡Epa! Ahora no puedo. Fijo mi mirada en el joven goleador nacido en Junín, Mendoza. El arquero Caffa lo sale a tapar. Si remata, le pega al portero, seguro. 25 minutos y 33 segundos. Juan Martín sigue tranquilo, como abstraído del frenesí de esa jugada. En mi mente veo a mi hijo frente al LED de 32 pulgadas y suena su voz insistiéndome en que para hacer un gol por sobre el arquero hay que mantener apretado el R1 y el cuadradito del comando. Alguien obedece la indicación de Leonel, o algo así. Lucero, como un verdadero crack, levanta la pelota de cucharita por encima de un arquero que ya estaba encima. El balón se eleva tanto como para que nadie llegue, y baja fugaz y lentamente. Es el tercer gol del pibe estrella. Un golazo ¡Que golazo! Ya nadie duda del triunfo y menos del ascenso, aunque todavía falten algunas semanas. Bueno, regreso a lo que les estaba contando. O no. Lo dejamos para más adelante. Disfrutemos de éste momento único, irrepetible e histórico. Yo lo escribo para que no se evapore. Ustedes guarden sus vivencias en lo más profundo del corazón y sáquenla a relucir el día del ascenso. Falta poco, muy poco. Pasaron 13 segundos de exquisito fútbol. Fue el tercer gol del sábado. Uno de los más bonitos del torneo. Fue ante Crucero otro partido más en la historia que se guardará en las vitrinas del club. Agradezco -agradezcamos- poder vivir para contarlo a los que vendrán ¡Salud!

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